El vagón
por Rodrigo de Gardenia
- ¿Para dónde va el tren? se escucha no tardará en pasar.
¿Se fue o apenas viene? se escucha, sólo se escucha lejos o cerca, lo escucho. Va hasta allá.
- Son tus deseos, no se escucha ni se ve un alma por aquí ni por allá.
Estás sudando demasiado, cómo fuiste capaz de traernos hasta acá y la luna que viene retrasada y la noche que tiene prisa por llegar.
- Algo se escucha, quizá es el eco, solo el eco, mi padre decía que el eco es la conciencia de cada uno. Es el eco, si, es el eco ¿eco? del llanto de las cacerolas de los pueblos ignorados ignorados ignorados, de la sonrisa del machete libre libre libre, del trote del caballo militar militar militar, del hueco cotidiano en el estómago estómago estómago, de la justicia negada negada negada, de la piel de una mujer irrumpida en si misma misma misma, eco de nuestros ríos rojos a pinceladas de poder, monotonía y olvido olvido olvido.
- Qué cosas dices, no te entiendo puros disparates. Anda ya levántate deja de decir tonterías. Regresemos a casa, olvida todo esto y regresemos.
- Espera cállate no hagas ruido ahí viene el tren debo tomar fuerzas recuperarme y llegar, se lo prometí al viejo, llegar a como de lugar y mandarle dinero. Es el tren, ya viene, va hasta allá entiende.
- No, no es el tren te digo, es el viento que arrastra todas las voces, todos los gritos, todos los lamentos porque estoy aquí y nunca me iré.
- Pero tiene que pasar el tren por aquí, tengo sed, tengo mucho frío mucho frío, tengo hambre. Va hasta allá.
- Por aquí no pasa nadie, el tren abandonó esta ruta cientos de años atrás. Claro que tienes hambre, sed y frío, siempre ha sido así conmigo, recuérdalo, vayas a donde vayas, estés en donde estés. Porque para eso nací, para eso me inventaron, para seguirte, para seguirlos a todos a excepción de mis creadores, ellos son los dueños del tren. Para todos los demás la vida es un vagón olvidado.
- Estás demente. Hoy en la mañana lo vi, era el tren debo llegar le prometí también a mi madre, a la santa patrona de mi tierra, a mis hijos.
- ¿Llegar? Has llegado, hemos llegado porque no hay mas a donde ir. Mírate como estás, empapado de sudor, tu cuerpo tan rojo como brasas del infierno, tumbado cual vil ropaje viejo abandonado. Jamás podrás llegar a donde quieres. Mírate nada mas tan lejos de casa tan lejos de ti tan cerca de mi.
- Déjame escuchar yo a ti no te conozco, hablas como si me conocieras desde siempre y no reconozco tu voz.
- No seas injusto no me desconozcas ahora, si hemos permanecido juntos la vida entera, te vi nacer, crecí contigo, crecimos juntos, busca en tu memoria. No puedes decir que nunca me has visto, ¡hey! mírame, abre los ojos un instante, quita tus manos de entre tus rodillas, tócame el rostro, reconóceme, deja de temblar, levántate, debes regresar jamás debiste partir. Nunca me escuchas siempre tu afán de querer abandonarme.
- Seguramente me confundes porque no te recuerdo, basta, cállate.
¿Escuchas? Ahora si viene, se escucha muy cerca.
- Cómo pudiste olvidarme, yo estuve ahí contigo cuando de niño inventabas que tu estómago te hablaba, cuando a tu pantalón le salió el primer hoyo, cuando jugábamos a que tus zapatos tenían hambre, cuando te conformabas solo con patear una piedrecita y divertirte. ¿Recuerdas cuando...?
- No, cállate, déjame en paz debo continuar...
- No me puedes ignorar...
- Sssshhhh, calla que me aturde tu voz y no puedo escuchar el tren.
Escucha ya viene. Ahora si, va hasta allá.
- La primera vez que tu padre me nombró ¿recuerdas? Miraste tu ropa gastada, te miraste al espejo, sucio, despeinado y sentí que me odiaste, aun así te pusiste a jugar cualquier cosa sin recordar mi nombre y me llamabas Za.
- ¿Za? ¿quién puede llamarse así? Que tontería, das risa.
- Tú me llamaste así por no recordar como me llamó tu padre la vez que pediste ir a la escuela y él únicamente negó con la cabeza sin mas explicación ¿recuerdas?
- No, no recuerdo y ya me estás cansando ¿cómo llegaste aquí? ¿quién te invitó? Láaaaargate. No tarda el tren en pasar, ya vendrá, va hasta allá.
- Nada viene, nadie va, todo se ha ido, se acabó. Tienes razón, nadie me invitó, naciste donde yo habito, siempre me maldices y ahora mismo vienes huyendo de mi, siempre lo intentas. Pero entiende que no es personal, solo recibo instrucciones de seguirte, estoy en todos lados sin ser bienvenida pero no busco aceptación sólo cumplo mi deber.
- No, no, mira ya lo veo, no viene hacia mi yo voy hacia él, es él míralo.
- De que carajo hablas, no hay nada mas que ver te lo dije ya.
¿qué no te das cuenta? Deja ya de bromear, estás delirando.
- Darme cuenta de qué, de qué tengo que darme cuenta tan sólo déjame, ¡mira! ¡ahí está! es el horizonte, debo llegar, esta cerca debo tocarlo, mejorar mi vida, enviar dinero.
- Has perdido la razón, ahora ya no sudas y dejaste de parecer brasa ardiente del infierno ahora te ves muy pálido. Deja ya de hacerte ilusiones, tu viaje terminará pronto y yo seguiré rondando la vida sirviendo a la muerte. Para eso me inventaron, para eso fui creada.
- Por qué tendría que escucharte, debo llegar al norte, mandar dinero. Pobre de ti que no sabes lo que dices, déjame en paz, pobre Za.
- Tan sólo calla y sígueme, el viaje como tú lo llamas ha terminado, pronto encontrarán tu cuerpo así en posición fetal con tus ojos fuera de si ya sin reflejar la vida y los puños apretados.
- Me faltan varios trenes todavía para poder llegar, en la casa no hay que comer ni trabajo y moriría de cualquier cosa menos de tantita felicidad. Va hasta allá.
- Mira que eres necio y cada vez te pones peor, ahí tumbado con tantas ilusiones que comienzan a desprenderse de ti como alma que abandona su cuerpo.
- Siento lástima por ti Za ¿es así como te llamas o no? Pobre Za ¿A quién le importa? ¡Que mas da! pobre Za, sin ilusiones, fastidiando al prójimo, pobre de ti, pobre Za, tonta Za, pobre Za.
- Has dicho bien mi nombre por fin...
- ¡Calla! es el tren ¡se ha ido! ¿escuchaste?
Carajo, no pude oírlo por tu maldita voz, carajo, ahora recuerdo tu maldita voz, en todas mis tragedias estás presente, en todos los aires que he respirado, en todos mis pasos,
míralo se ha ido el tren, va hasta allá, calla
va hasta allá mira que has hecho
va hasta allá lárgate
va hasta allá
hasta allá va
va hasta allá
hasta allá...
se fue, va hasta allá.
- El tren nunca pasó, emprenderás otro viaje ahora, no fue personal espero lo hayas entendido, el olor putrefacto en unos días hará que localicen pronto tu cuerpo. Te deseo buen viaje, yo debo entregar cuentas a mis amos.
Lee los cuentos anteriores:
"Por venir", junio 28, 2010
"Puntos cardinales", junio 21, 2010
"Lágrimas evaporadas", mayo 25, 2010
"Muñecas de a peso", mayo 11, 2010